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Montevideo, Uruguay
Escribo desde siempre. Sin pretensiones intelectuales, ni locas vanidades de reconocimiento. Alentada por la persona que más amé en el mundo, a quien agradezco y humildemente dedico este blog... a mi madre.-

domingo, 3 de febrero de 2013

INOCENCIA



El cielo celestísimo de enero se pintó de pájaros de todos tamaños gritando en desorden e histérico vuelo.
Sentí el temblor en los vidrios y una opresión en el pecho mientras, en el horizonte, una nube rojiza ascendía del suelo.
- ¡Estampida! - gritó el muchacho tirando las últimas naranjas recogidas del árbol.
Corrió como loco hasta la puerta del galpón y alcanzó en su huída, a entrar a Florinda, su yegua preferida y se quedó agachado entre sus cuatro patas como esperando un golpe.
De norte a sur venían como una tromba, como un malón asesino, miles de kilos de fuerza bestial rompiéndolo todo a su paso. Las ovejas corrían por la pradera perdiendo de vista su senda lineal y muchos corderos morían aplastados bajo ese inusual galope desbocado.
Entre la casa y el monte, entre el jardín y la aguada, como en gran desfiladero, la tropa no dejó nada. Tiró postes y alambrados, quebró porteras y plantas, mató a mi perra más vieja por quedar quieta, espantada.
Cuando la nube de polvo se aquietó en torno a la casa, pude apreciar la asamblea reunida cerca del agua y aunque no puedan creer, yo vi inocencia en sus caras.


*
Estampida - Ramiro Ramírez (Colombia)

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