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Montevideo, Uruguay
Escribo desde siempre. Sin pretensiones intelectuales, ni locas vanidades de reconocimiento. Alentada por la persona que más amé en el mundo, a quien agradezco y humildemente dedico este blog... a mi madre.-

domingo, 25 de julio de 2010

MI PEQUEÑO GARDEL




Lamentablemente yo lo recuerdo todo.-

Como todos los días llevé a Tony de siete años al colegio y regresaba a casa con tiempo, tranquila, cuidadosa como siempre, pensando en cuantas preguntas le haría mi niño a su maestra.- Debe enloquecerla al igual que a mí para saber el origen y utilidad de las cosas.- A veces Tony pasaba las horas preguntándome sobre estrellas, mareas altas y bajas, astronautas, naves espaciales y yo ya lo imaginaba trabajando en la NASA.-

Recuerdo la calle húmeda, mi retrovisor encendido por completo, la larga procesión por la Avenida donde parecía que todos íbamos al mismo sitio.- Esa igualdad monótona se vio interrumpida cuando del cantero central surgió un perro sin paciencia, queriendo cruzar la calle.- ¡Pobre animal! No sería yo quien le pasara por encima por lo que toqué bocina pero en lugar de salirse, se echó frente a mí, asustado y temblando, aunque valientemente entregado a su mala suerte.- Pero el instinto, la pena, el miedo, el cariño, o no sé si no fue todo junto, me obligó a frenar.-

Recuerdo el golpe seco del auto que venía detrás, el sacudón de mi cuerpo, el labial que volaba de mi cartera, mi cara pegándole al volante y al perro que salió de orejas chatitas.- Toda la caravana se detuvo impaciente tocando un coro de bocinas que se oía lejano.-

Yo no siento dolor alguno pero los bomberos destrozan partes de mi auto y tiran de mí.- No entiendo por qué me sacan de mi tibio asiento para tirarme sobre el asfalto mojado.- Alguien me pisa el pelo limpio y otros se ensañan con mi Levis nuevo hasta hacerlo jirones.- No quiero discutir, estoy tan cansada que no puedo evitar dormirme.-

Hoy hace una semana que me hospedo en este inhóspito lugar.- Alberto, mi marido me ha traído un ramo de fresias de todos colores y eso que ya le he dicho que cada vez que me regala flores me hace llorar.- Está tan preocupado con su trabajo en el Banco que se le nota en la cara, le han dicho que reducirán personal y su rostro severo me dice que no ha dormido bien.- Me besa casi sin tocarme y me dice que tengo visitas.-

Al abrirse la puerta, Tony suelta la mano de mi madre y entra corriendo.-

¡Mami, mami, vinimos para llevarte a casa!

Y no puedo con mi genio, lloro como una idiota cada vez que lo veo peinado al estilo Gardel, con gomina y raya al costado; yo jamás lo peino así, pero esta semana todo es tan extraño…

Mi pequeño Gardel va de un lado al otro, explorando, tocándolo todo hasta que mi madre lo saca del cuarto.- El va con los brazos abiertos como avión en vuelo, preguntando por los satélites suspendidos en el espacio.- Y mientras Alberto me ayuda a vestir, veo la prótesis de mi pierna volando en su pequeña mano.-

miércoles, 14 de julio de 2010

PRIMERA PLANA




- ¿Cuándo?
Cuándo, cuándo, resonaba como un eco en la oscuridad de mis ojos cerrados.-
- ¿Cuándo por Dios?
Entonces los cuándos se teñían de todos los colores y danzaban ante mí tímidamente.-
- ¿En dónde?
Y los dóndes se burlaban al mirarme acostada en el diván, casi dormida.-
Los por qués me acariciaban las mejillas, los quizás se atragantaban en mi boca y sentí el golpe y el dolor entre las sienes.-
Una luz me cegaba por completo y al intentar cubrirme con las manos, la vi tirada en un barranco con cuerpo de muñeca destrozada.-
Cada ola le lavaba las heridas y una espuma rosada la rodeaba.-
Ya era tarde.-
La madre lloraba, el padre hablaba de darme algún dinero y yo me quedé con la policía, tratando de explicar lo inexplicable.-
Al día siguiente, la hallaron en el acantilado y los cuándos y los dóndes formados en hileras y en perfecto blanco y negro, estaban en primera plana.-

domingo, 13 de junio de 2010

SINDROME DE ESTOCOLMO



Véndame los ojos, no quiero ver tu rostro.-
Apenas con oír tu voz, yo me estremezco
y cada vez que vienes mis músculos se tensan.-
Ya conozco tus pasos, tus ruidos que se acercan
y aunque es algo siniestro, ya casi no te temo.-
Comeré lo que traigas, beberé sin mirar.-
Padezco de nostalgia de mi mundo normal
y de algún modo espero que vuelvas por acá.-
Se me mezclan los días, confundo lo que haces
y creo que me cuidas cuando se bien que traes
el arma poderosa que me puede matar.-
Quiero salir huyendo, quiero mi libertad,
quiero que me detengas si lograra escapar.-
Y mis horas abundan sólo para pensar
si a nadie le he hecho daño, a mí no me lo harás.-
Mi lógica se rinde y me largo a llorar
al verme encadenada y encima tú te vas.-

EL RAYO



-¡Manú, la comida está pronta!

Pero Manuel no venía.-
Salió temprano a caballo, a revisar alambrados y se pasó la mañana estirando el pensamiento más allá del horizonte, donde llegan los recuerdos.- Y como una rienda suelta, se le enroscó la memoria en los ojos de Eloísa y los recordó más negros.-

En el rancho, el aguacero se descolgó sobre el patio y en menos de dos minutos las macetas se llenaron.- Las ranas que estaban mudas, se entretenían croando y en el cielo opaco y blanco, un rumor largo y lejano.-

En ese mismo momento Manuel cayó de rodillas y en su mente sólo estaba la imagen de su Eloísa.- El recuerdo se escapaba, el dolor fue más intenso y en el fogón la comida todavía sigue hirviendo.-

jueves, 10 de junio de 2010

DELIRIO DE VELOCIDAD




Es cierto, yo no me detuve.- Mía es la culpa de haber acelerado, justo en bajada y de ojos cerrados.- ¿Qué hará usted conmigo? ¿Me pondrá un grillete para que no intente locuras de nuevo? ¿Acaso no entiende que no tengo frenos, que voy por la vida corriendo, corriendo?
¿No se da usted cuenta que ya no hay remedio que logre parar el impulso que llevo?
Si al menos dijera que tiene un placebo que mitigue en algo mi desasosiego.-
Seguiré corriendo buscando quién sabe, el muro más alto que pueda atajarme, pero mientras tanto, mientras dure el viaje, con todo el cabello volando en el viento, sentiré que el tiempo sobra por delante y no existe nadie que pueda atraparme.-

Usted no comprende por qué tengo prisa y acelero a fondo para verlo todo, no importan los golpes o algunos raspones, quien no tiene alas, tendrá revolcones.-
¿Acaso es locura excederse en algo? ¿Y sentirse libre está mal mirado?
No quiero ese ritmo de marcar el paso, prefiero caerme, volar en pedazos, que reabra la herida de anteriores tajos.-

Puede usted encerrarme con miles candados, sedarme y dormirme por un tiempo largo, igual en mis sueños seguiré rodando por las autopistas libres de mi estado, donde no hay carteles para andar despacio y sólo hay banquinas de pasto floreado.-

¿Gusta acompañarme o siente algo de miedo?
Comprenda que el viaje no tiene regreso, mas si lo tuviera, sería usted el primero que querría volverse a este mundo lento.-

miércoles, 30 de diciembre de 2009

BOMBONES DE LICOR




Mordí la gruesa capa chocolate untuoso y un licor fresco, dulzón y pegajoso se escurrió en mi boca.- Por un instante fui sorda y muda y todos mis sentidos se quedaron allí expectantes, imaginando que mil rosas se fundieron en un simple caramelo.-
¡Qué exquisitez tan sobria que, en dulces relamidas, rescata toda sobra por mis labios sorbida!
Un minuto de gloria, de placer hedonista que, al perder la memoria, a otro placer invita y recrea en silencio nuevamente la historia.-
Si algún día me atrapas en esta circunstancia, donde la vida misma es sabor y fragancia; si al entrar en mi cuarto me encuentras recostada, en éxtasis profundo por la gula embriagada, compartiré mis besos de almíbares topacio con tu boca de hombre que se acerca despacio.-

jueves, 17 de diciembre de 2009

POST




- Buenos días, ¿qué desea?
- Buenos días, nada gracias.- Pasé porque me gustó la foto.-
- ¿La foto?
- Si, la foto que se coloca arriba de los escritos.-
- Esas fotos, muchas veces ilustran lo publicado, pero en su caso ha servido como un simple llamador.-
- Pero yo quiero aclararle que a mí nadie me ha llamado, yo simplemente he mirado, me demoré y aquí estoy.-
- Pase nomás, adelante, mire y si gusta pregunte.-
- Está lindo su rincón pero lo hallo vacío.-
- Vacío está de exprofeso para que los visitantes se acomoden como quieran y pasen un rato agradable.-
- A mí me parece, compadre, que usted ha pensado en todo y le dejo de este modo comentario o pensamiento, que nunca pensé al comienzo lo que al final me ha gustado.-

viernes, 11 de diciembre de 2009

EL PUENTE



A ti lector, a ti te digo que a partir de este momento en que decides leerme, un puente invisible se creará entre nosotros y tus otros sentidos cerrarán mil puertas a las bocinas de la calle, al llanto de tu hija, a los reclamos de tu esposa, a timbres y teléfonos.-
Sin darte cuenta has creado un vínculo conmigo que, aunque breve, es verdadero, existe.- No podrás negarlo, ni podrás dar marcha atrás.-
Desde aquí te siento mío, abro los brazos para recibirte y además de tus ojos, espero a tu alma curiosa, tu cálida visita, tu grata compañía.-
Es un puente de infinitas dimensiones y doble vía.- Es entrada a mi dominio y al tuyo.- Es acceso a mi mundo conocido y al extraño ajeno.- Es entonces cuando tengo ganas de cruzarlo, pisar entre nubes, sujetarme de tus pupilas y meterme en tu aldea en vertiginosa carrera, porque no queda casi tiempo para regresar al punto de partida.-
Ese punto que se acerca y nos separa es este punto final.-

jueves, 3 de diciembre de 2009

MOLLES DEL SARANDI (Un recodo del camino)




Dos veces por semana, a setecientos metros de distancia, veo pasar el ómnibus que viene de Montevideo.- El chofer ya conoce las vueltas del camino y a veces desde lejos, con los brazos en alto, saludo y me responde con un gran bocinazo.- Es como el fuerte abrazo que se dan dos amigos.- Y lo veo alejarse subiendo por el cerro rojizo y polvoriento.-
Pero hoy fue bien distinto, pasó en el momento que estaba distraída, buscando entre la leña, algunas hojarascas para iniciar el fuego que atropelle a este invierno y me olvidé de verlo.-
Con un simple empujón certero y a medida, la carretilla gira con el tesoro hallado: ramas de sauce blanco, cáscaras de ciprés, semillas de eucaliptus y algún leño también.- Me voy imaginando un fuego perfumado que entibiará mi casa con esencias silvestres y entre aromas de monte me sentaré a un costado con mis ojos de fiesta entre brasas ardientes.-
Pero es tan sólo un sueño, yo sigo empujando mi vieja carretilla y la perra enojada, le gruñe a la ruedita y no para de ladrar.- Al fin miro a lo lejos y veo que mi amigo sigue su recorrido habitual y tranquilo, sin embargo a la distancia, alcanzo a divisar que el porterón de casa ostenta un colgamento, que a veces por el viento se parece a bandera, entonces me resuelvo y salgo a caminar.-
El pasto está encharcado del último chubasco y el cielo tiene nubes de plomizo color, las aves que se asustan emprenden vuelos bajos y el viento sibilante enreda mis cabellos sin orden ni razón.-
Alguna que otra gota helada precipita y me apuro a llegar al borde del camino y allí, efectivamente se encuentra resguardada en un tosco envoltorio, una pequeña carta; si bien no tiene nombre, va dirigida a mí.-
Y el corazón me estalla de un goce inexplicable apenas semejante a aquellas navidades de insomnios expectantes para ver los regalos dejados bajo el árbol.-
- “A usted” – dice la carta.-
- “A usted que me saluda, yo quiero agradecerle que cada vez que paso, usted es como un ángel de un campo desolado.- Su sombrero con flores, agitado en el cielo, es la señal que busco junto a mis pasajeros que, al pasar por su casa, todos cambian de asiento y juegan a decir quién la verá primero”.-
“Yo quisiera decirle que usted me da el aliento para seguir el viaje con ánimo contento y que todo mi coche festeja esos momentos…”
Y me quedé dormida sentada junto al fuego, la carta que leyera, al suelo se cayó.- Yo sueño con mil manos agitadas al viento y mi perra dormida, gruñe bajo el sillón.-

miércoles, 25 de noviembre de 2009

EL ALMA EN PENA



Martín llegó corriendo con el sombrero chorreando de aguacero y con los ojos desorbitados gritó desde el galpón: - ¡se viene el alma en pena!
Entró él, caballo y perro.- Se encerró con todas las trancas y asomó hasta la nariz por la ventana.-
La lluvia cada vez mojaba más y de a poco, todos fueron reuniéndose en la cocina donde el fuego no paraba de arder.-
Julio, mi hijo mayor, volvía de la quinta trayendo los tomates y unas ramas de albahaca que le había encargado.-
- ¿Cómo quedó Prudencio? - pregunté.-
- Está bien - contestó.- El saco, aunque viejo, le ha quedado a la medida y sólo espero a que termine la lluvia para llevarle algo de carbón - agregó.-
A la tardecita, el cielo estaba despejado y pudimos armar la larga mesa en el patio.-
La jarra de cerveza helada, las pizzas crujientes con tomates frescos y vimos que Prudencio saludaba desde la huerta con sus manos de paja y su sonrisa de carbón.-
- ¿Martín?
- Está durmiendo la siesta en el galpón.-

viernes, 30 de octubre de 2009

MUSCIDAE



Entró a hurtadillas como una ladrona, creyendo que nadie lo habría advertido, se burló del mundo la intrusa fisgona con música propia y aire divertido.-

Se hacía la tonta por toda la sala, sin miedo aparente de ser atrapada, se encontró en el centro con unas amigas y pasó la noche entre mis invitadas.- Oyéndolo todo, metiéndose en medio la muy descarada, se fue hasta la mesa del bufet servido y antes que ninguno, como un entendido, probó la comida, la mal educada.-

Y yo la veía sin saber siquiera cómo habría de echarla, sin que nadie viera, sin que se enteraran que en mis pensamientos quería matarla.-

Me pasé la noche pendiente de ella, olvidé mi fiesta, no pude ignorarla, la copa del brindis ya lleva su huella y una furia loca inundó mi calma.-

Y todos festejan mi nueva novela recién editada y alzan sus copas esperando diga algunas palabras, mi brazo derecho elige un volumen y sin decir nada, con un golpe seco, certero y tremendo, la dejé tirada.-

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LAS NOCHES DE SANTIAGO

Cayó la noche en el campo.-
Cayó en caída libre, sin paracaídas, estrellándose en el suelo, más azul que nunca.-
Y el golpe se sintió de lejos, tanto se escuchó que todo el pueblo fue prendiendo las luces para ver por las ventanas una noche estrellada.- Pero no vieron nada, sólo el río cual brillante zafiro, corriendo a lo loco a cambiar su vestido de mil lentejuelas.-
Al rato la noche quedó amoratada y fue doña Aurora que llegó temprano y la mandó con prisa a dormir a su casa.-
Sabiendo que pronto se caerá de nuevo, la noche siguiente se traerá un lucero y el campo y el río, el pueblo y el cielo, estarán pendientes en pleno desvelo para que la noche, envuelta en su velo, venga bien despacio y no caiga al suelo.-

viernes, 25 de septiembre de 2009

MONOGRAMA (La vida de un pañuelo)



El hombre que maneja el telar que me teje, pretende que yo sea un pañuelo cualquiera, pero eso es imposible. Mi dueña, la de ahora, me ha puesto en un tambor y con varios colores borda dos iniciales y una pequeña flor.-

Más tarde, perfumado y envuelto de regalo, yo recibí los besos de su joven amor. El me llevó guardado, doblado en el bolsillo, cerca del corazón.-

Cuando tomó coraje y fue a pedir su mano, fui yo quien le sequé la frente sudorosa y luego bajo lluvia de pétalos de rosa, cubrí el mullido apoyo de alianzas en su boda. Y más que un gran amigo, fui un pariente cercano, siempre estuve presente en su jurado amor.-

Al tiempo fui apretado en la sala de espera de la maternidad y no podré olvidar que fue en ese momento, que conocí la sal de la felicidad.-

Los años han pasado, mi dueño me ha guardado en el primer estante y al fin algo distante, me puse a descansar. Yo llevo encerradas entre mis cuatro esquinas, ternura candorosa, timidez, alegría y toda la dicha junta que se tiene en la vida, pero al pasar del tiempo me he vuelto más sensible y el brillo del bordado algo se disipó.-

Un día de repente, abren el viejo armario en busca del rosario, me ven y se dan cuenta que yo debo salir, porque quien me ha bordado se duerme para siempre y he de cubrir su rostro tan falto de rubor, con mis dos iniciales y mi pequeña flor.-

*

sábado, 15 de agosto de 2009

GAME OVER



Caí en el mar oscuro.-
Súbitamente, sin tiempo para la última bocanada de aire y sin embargo, parece que no lo necesito. Estoy aquí sin saber dónde quedan el arriba y el abajo, perdida en la negrura opaca y sin horizonte. No alcanzo a ver mis propias manos, pero creo que estoy tratando de nadar hacia lo que estimo es la superficie.-
Veo algo, pequeños destellos, parecen luciérnagas y sé que es imposible. ¿Será la falta de oxígeno? ¿Será que estoy alucinando? Dios mío, ¿por qué estoy en esta situación?
Todo mi cuerpo se convulsiona en un renovado y desesperado intento por salir a flote, pero la luna nueva no me ayuda, no me orienta siquiera. Ojalá mis brazos vayan en la dirección correcta.-
Los destellos de luz se acercan al fin. ¿Qué son? Manchas luminosas azuladas. Al menos se acabó la soledad. ¿Será que alguien viene a ayudarme? ¿Será que Javier se arrepintió después de lanzarme por la borda? ¿Acaso me quiso matar?
No puedo entender su reacción. Sé que tiene otra mujer. Lo sé desde hace tiempo. Hace como un mes que se acuesta por último y se queda horas frente a la computadora. Pero, ¿liquidarme? ¿Para qué? Yo no tengo fortuna y con el divorcio yo sólo le pediría mi libertad.-
Son medusas. Una cantidad de medusas violetas y fosforescentes se me acercan. Parece que bailan a mi alrededor, son hermosas. Ahora sí, confirmo que no estoy sola. Estos seres gelatinosos me acompañan y logro ver la superficie. Dos últimas brazadas dolorosas, agobiantes y al fin el aire fresco entrando a mis pulmones.-
Toso, me ahogo, hago la plancha, respiro… ¡No lo puedo creer, estoy viva!
No sé cuánto tiempo estuve bajo el agua pero sé que no fue poco. ¿Cómo logré mantener la respiración? Yo, fumadora empedernida, sin instrucciones del buceo más elemental, ¿cómo pude resistir tanto tiempo?
Aquí en la superficie, recién me empiezo a sentir mojada. Tengo frío, casi prefiero cubrirme con el agua, pero hay un instinto invisible que se apodera de mí y sin consultarme, me obliga a resistir.-
Ante mis ojos otra visión alucinante me acompaña. La bahía de Montevideo, vista desde el mar y por la noche, es una postal poco frecuente.-
Estoy nadando en dirección a una boya. Hoy no es mi día de morir y Javier aún no lo sabe. Ya imagino su expresión cuando me vea totalmente viva frente a él. Por lo pronto pasar la noche será mi preocupación prioritaria y planear el reencuentro ayudará a mantenerme despierta hasta que aclare.-
De vez en cuando una ola me golpea brutalmente y mi brazo izquierdo se ha aferrado de tal forma a los hierros oxidados de esta campana, que está hinchado y lleno de rasguños sangrantes. Mi vestido de seda está hecho jirones y mi boca no deja de temblar.-
Nunca me gustó embarcar de noche pero la excusa de cenar en altamar para renovar el romance perdido, era bastante creíble.-
El me confesó todo, dijo estar arrepentido, que quería reconquistarme, empezar de nuevo.-
Por mi parte, francamente lo confieso, quise darle una lección. Pasé la tarde preparándome para la cita. Tomé un masaje, fui a la peluquería, elegí el vestido más sexy, el perfume más dulce, para que viera todo lo que perdería cuando al final, yo le dijera que no lo iba a perdonar y le pediría la separación.-
Fue en el momento del brindis final, la cubierta algo húmeda, yo descalza y… tal vez yo resbalé y él intentó sujetarme, no lo sé.-
Una ola me cubre por completo. Exhausta y dolorida, me suelto de la boya y esta vez las medusas violetas comienzan a alejarse. Las luciérnagas lejanas ya se apagan. Ya está amaneciendo y una lancha se oye muy cercana. Me rescatan. Sé que me hablan, yo no oigo y tampoco puedo articular palabra.-
Al cabo de unos días me despierto y a los pies de la cama, Javier duerme en una butaca. En su falda, su inseparable ordenador emite un sonido bajo, repetitivo y molesto. Alcanzo a ver una leyenda intermitente que dice: GAME OVER.-

domingo, 9 de agosto de 2009

MI PEQUEÑA HISTORIA



Siempre me gustó escuchar el eco.-
Aquella repetición incansable, copia fiel que se extendía en la distancia y yo, mirando atentamente para descubrir hasta dónde llegaba.-
A veces le gritaba al hueco del aljibe creyendo que mil mariposas transparentes saldrían con mis gritos a cuestas.-
Amaba esos sonidos parejos que se iban desarmando de a poquito con el tiempo.-
¡Ah, si yo pudiera descubrir a dónde los llevó el eco, en qué arcoíris guardó sus tesoros!
Tal vez por eso, hoy día escribo versos, para imitar un poco, aquel musical universo.-
Todos los sonidos de mi infancia quedaron guardados en algún lugar de mi cuerpo.- Yo no sé si en mi mente que clasifica mis recuerdos o si en el centro de mi pecho donde acuno los ecos que se duermen, pero allí están, viajando conmigo aunque yo esté en silencio.-
Recuerdo que tenía un trencito de cremallera que funcionaba a cuerda, que después de trepar la pendiente, llegaba al otro extremo y volvía, iba y venía.- Iba y venía con su repetido sonido y mi reiterado juego.- Yo me quedaba extasiada mirando por su costado, un paisaje dibujado con un pequeño relieve que lo hacía tan real.-
Eran tiempos en que a menudo se oía el melodioso silbato del afilador que recorría el barrio pedaleando su bicicleta.- Tiempos de barquilleros golpeando incansablemente sus triángulos metálicos.- Tiempos de música de rueda-rueda, de murmullos bajitos en casa de abuela, de sollozos de mamá.-
Todos mis días tenían un sonido tan particular que, aún con los ojos cerrados, se podía adivinar el ánimo de la casa, de la familia.-
A veces siento nostalgia de ruidos, añoro mis sonidos conocidos y despierto mis recuerdos y los hago sonar y sonar como campanas que no quieren estar quietas.- Son pequeños aleteos de memorias.- Son mis ecos repetidos que se niegan a guardar silencio.- Son mi pequeña historia.-

sábado, 8 de agosto de 2009

PIES ATADOS



Tengo mis pies atados a esta tierra como raíz de ombú que sobresale, mi cuerpo es la madera ya golpeada que ostenta alguna flecha dibujada.- Mi corazón rojo de atardeceres, sueña con más calor para mañana y mis brazos al cielo, como redes, sacuden un adiós entre las ramas.-
Y dejo mi equipaje en la banquina porque he perdido el tren.- Expreso que me orienta donde me perderé y soltaré mi pelo florecido en el follaje y cambiaré mi traje de color y otra vez se hará tarde en los andenes de la vieja estación.-
Tomaré mis pinceles oliendo a trementina, tal vez con mi maleta de pintor viaje mejor.- Si encuentro alguna esquina, quizás quede dormido, junto a los fríos focos de luces de neón.- Dibujaré paisajes que no tuve, u ofreceré mi fruto en un abrazo, seguro que al ocaso volveré a quedar solo, total si nunca anduve con alguien a mi lado, que nadie se preocupe porque soy un árbol.-

sábado, 18 de julio de 2009

FLOR EN EL MAIZAL



Sé muy bien que mi conciencia antes de mí, ya existía.-
Yo me sentía una extraña entre mis similares, tal vez fui confundida o tal vez ignorada, no sé si había alguien que así nos controlara, sólo sé que mi esencia allí estaba encerrada, a oscuras, en silencio, suspendida en el tiempo como aletargada.-
De pronto una energía impulsó mi materia y fui roce, resplandor, un empujón, euforia, o todo al mismo tiempo.- Mi cuerpo tomó cuerpo.- Mi espalda despegaba de alguna espalda ajena y se formó un espacio de aire, luz y brea.-
Sufrí, como sufren los humanos cuando pierden a quien aman en un viaje a contramano; sentí pena de mí misma al caer por un abismo, sin saber que ese final era un principio.-
Y en el aire, respiré por vez primera, fui lanzada a la volea y quiso alguien que cayera en el medio de la tierra y fui simiente.- Sentí el sol tan de repente que dejé que me fundiera siendo última y primera, tan quebrada y tan abierta que de mí, surgió un atisbo de raíz y al viento me estremecí.-
Me distingo en el tapiz que, plantado de maíz, tiene una corola rubia; yo no sé si soy feliz, sólo sé que este verano, me tomarán en las manos y me abrirán la matriz en busca de otras semillas que no serán hijas mías, soy yo misma de otra forma que no es otra que la vida.-

sábado, 11 de julio de 2009

LETICIA (Mi pequeña cachorra)


Mi perra se ha sentado bien erguida y derechita sobre una pequeña loma que hay en el jardín.- Atenta y casi inmóvil no se parece a un perro, tiene cierto aire de estatua y su silueta se estampa sobre el azul verdoso del lejano horizonte.-
¿Qué mira me pregunto?
Y yo misma salgo a recorrer con la vista el paisaje sin hallar ese punto fijo que tanto llama su atención.- Tal vez su alma canina pretenda correr tras un grupo de garzas que vuela hacia el tajamar.- Tal vez escuche lejanos llamados de otras jaurías que yo no logro escuchar.- Quién sabe qué olores extraños el viento le alcanza a su hocico negro rodeado de pelitos dorados.-
Yo tengo la idea que en su pequeña cabeza existen pensamientos, al menos eso quiero creer; que ella piensa, que ella siente, que ella me quiere.-

viernes, 10 de julio de 2009

PAN



Después de haberle pedido leña, el hombre salió encantado a buscar la carretilla para llevarla al leñero.- Sabía que si la cocina se prendía tan temprano, era porque habría algo rico para acompañar la merienda.- Y se fue a golpear madera, a trozar con el hacha los rolos de cernos rojizos y al entrar en calor imaginaba arrolladitos de crema pastelera, torta de chocolate con almendras, tal vez alguna isla flotante que comería como postre a mediodía, en fin, Martín seguía golpeando y saboreando.- En el monte de eucaliptus los golpes se expandían con el eco y los pájaros callaban.-
Sin embargo en la cocina, el proyecto era más simple, primitivo y cotidiano, el proyecto era hacer pan.-
La unión de la tibia y espumosa levadura al resto de los ingredientes, en ese amasado rítmico, implacable y algo cansador, se me antojaba obra de alquimistas o como de aquellos magos de cuentos antiguos que fabricaban pociones de fórmulas secretas.-
Luego, la verdadera magia se apoderaba realmente de la cálida cocina.- Aquel bollo leudando, creciendo, duplicando su volumen bajo extraña ley física.-
Martín llega con la carretilla alta de leña y se ofrece para apilarla bajo la cocina de hierro, sólo para tener la oportunidad de cotejar la realidad con sus cavilaciones, pero no logra ver más que aquella redondez que aumenta.-
Más tarde aquella masa toma forma y desde el horno se empieza a sentir el aroma inconfundible del pan que va inundando, poco a poco toda la casa.-
Es casi mediodía, Martín desensilla el caballo y entra dispuesto a tomar unos mates antes del almuerzo.- Sobre el mantel a cuadros, una hogaza caliente y brillante de pan de campo.- Lo corta con las manos, crocante por fuera y humeante en su interior; lo unta con un poco de manteca que, al simple contacto, se derrite y chorrea y al llevarlo a la boca piensa en cómo le gustaría aprender a rezar, sólo para agradecer el bendito pan de cada día.-

miércoles, 8 de julio de 2009

VIDA DE PUEBLO




Mariano se ha ido y dicen que no volverá jamás.-
¿Por qué habría de hacerlo? No dejó familia y sus contados amigos le han vuelto la cara cuando más los necesitaba.-
Perdió su trabajo en la curtiembre al igual que sus compañeros que, creyendo tener sustento asegurado, no vieron posible que la empresa cerrara por quiebra.- Se oyó de todo en el pueblo, que fue una maniobra fraudulenta de los dueños, que ya se veía venir por el desatinado estilo de vida que llevaban, incluso se habló que el dinero lo habían sacado a escondidas, una noche en que los perros no paraban de ladrar y que seguramente a estas alturas, ya estaría depositado en alguna isla paradisíaca.-
Lo cierto es que Mariano anduvo golpeando puertas.- Primero las de sus conocidos de toda la vida como era Juan Pablo Ferreira, quién era dueño del gran almacén de ramos generales, pero Juan le dijo que no podría pagarle un sueldo decente y encima pagar aportes jubilatorios, por lo que le ofreció una miseria sin futuro que, para reacomodar el cuerpo por su reciente despido, aceptó.- Con el pasar de los días el trabajo iba aumentando y no iba en proporción con la paga acordada, además aquel arreglo de boca de almorzar juntos en la casa e Juan, nunca se hizo realidad por lo que el sueldo se le iba en alquiler y comida.-
Después golpeó la puerta de los referidos de la zona y fue a dar a la estancia La Cueva en donde se solicitaba gente para la recolección de papas.- Consiguió un sombrero y allá fue, subido en el camión que recogía a otros quince que, como él, pasaron agachados todo el día.- No era malo el arreglo, el dueño les daba almuerzo y descanso a mediodía, leche y galletas para llevarse por la tarde en el camión de regreso y las papas que necesitasen.- Pero todo lo bueno termina y terminó la cosecha.-
Mariano siguió golpeando puertas y llegó a la Junta Local donde le dijeron que no había vacantes pero que como era año electoral, algo habrían de inventarle, así que dejó sus datos y se fue para su casa.- Allí prendió un cigarro, avivó el fuego y en las cenizas tiró tres papas para cenar asadas cubiertas con algo de grasa; un trago grosero de caña y se durmió sin muchas esperanzas.- Sin embargo al día siguiente por la radio se escuchaba la noticia: “…Habremos de comenzar las obras de saneamiento en los rincones más recónditos del país…” Y si se trataba de esos rincones seguro que hablaban de San Fernando de los Moros que era el lugar donde Mariano había vivido durante los últimos veintitrés años de su cincuentona vida.-
El había llegado al pueblo a fines de los ochenta con un grupo folclórico que se llamaba “Los Parrancheros”.- Tenían bastante éxito con su repertorio de autoría propia que olía a zurda mezcolanza de polca con milonga, barba, bigote, mate y pelo largo y una interminable lista de muchachas que se acercaban depuro ansiosas a los tablados, para ver a las estrellas de la banda.- Y así fue como una noche conoció a Joaquina Estévez Logroño, hija del acaudalado Estévez, dueño casi de la mitad del Departamento de Durazno.- Y empezaron las miradas, las dedicatorias de los temas y cuanta guasada interminable de devaneos de celos y te quieros entre las fanáticas del grupo.- Cierto es que Joaquina sufría los tormentos de sus rivales y los de su propio padre, quien no quería ni escuchar hablar del barbudo comunista que andaba detrás de la nena.- Por otro lado Marcelina Logroño de los Santos, madre disgustada pero madre al fin, trataba de hacer de nexo entre la muchacha y su padre y a la vez sentía que Mariano, en el fondo, era un buen muchacho al que, peluquería mediante, podría aceptar por un tiempo de visita en su casa; Marcelina sabía bien que cuanto más se opusiera, más rápido crecería el capricho de su hija.-
Mientras tanto en la radio no dejaban de hablar los políticos de turno y los de fuera de turno también y ya para ese entonces de las cavilaciones recordatorias de Mariano, los candidatos ya estaban colgando focos de luz hasta por dentro de los aljibes.-
Esa misma tarde lo llamaron de la Junta y le dijeron que se presentara a las siete de la mañana del día siguiente, a la orden de Manuel González, alias El Maco, para cavar zanjas para el saneamiento.- Y bueno, pensó.- Nada podría oler peor que como olía aquella curtiembre y salió contento con su nuevo estado laboral de empleado público.-
Con El Maco la cosa anduvo bien.- El Maco era el jefe de una cuadrilla de seis empleados: dos maquinistas, dos poceros, un técnico en conexiones y otro, Lalo, que siempre estaba ahí y no se sabía bien para qué.- Mariano y Pintos, los poceros, se turnaban para cavar mientras los demás miraban, cuando cerca de las diez de la mañana El Maco decía:
- Muchachos, vamos a descansar un ratito.-
Y se prendían los cigarros y se tiraban al suelo como a descansar mismo.- Veinte minutos después retomaban la tarea; una de las máquinas apisonadoras se encendía con un estruendo molesto, alisaba unos centímetros de balasto y se descomponía.- Y ahí la apagaban y Lalo se encargaba de abrir la tapa del motor y registrar todo con aires de mecánico de fórmula uno, casi hasta mediodía.- Por la tarde pasaba algo parecido, aunque el técnico en conexiones también hacía algo de poda de árboles, por lo que la zanja no avanzaba con mucha rapidez.-
Al día siguiente amaneció lloviendo y la cuadrilla se presentó en el corralón municipal, firmó asistencia y esperó a que amainase la lluvia, cosa que no sucedió por una semana, por tanto el trabajo se convirtió en la rutina diaria de llegar, preparar mate, repartir cartas de truco y estar a la orden por si el temporal tiraba alguna rama sobre la calzada, cosa que tampoco sucedió.- Al cabo de dos meses teníamos el saneamiento de una cuadra y media a estrenar.-
Llegaron las elecciones y El Maco se aburría de tanto criticar las campañas políticas.- El decía que todas eran iguales, que para lo único que servían era para limpiarle la cara al pueblo, tapar algunos baches y por supuesto ligar todo tipo de artículos propagandísticos como vinchas, llaveros, pegotines y capaz que, con suerte, regalaban termos con la cara de Aparicio.- Entonces la cuadrilla se instaló a la entrada del Club Social, donde la comitiva pasaría la tarde gritando discursos, porque decían que esta vez regalarían celulares.- Pero como siete teléfonos no tenían, les dieron cuatro bufandas y tres gorros de lana con los colores de la patria.-
Por otro lado la Junta los convocó para decirles que los recursos para la obra se habían terminado y como el contrato había sido firmado por tres meses, deberían seguir con la poda y aseo de veredas por treinta días más.-
Por tanto se deduce que San Fernando de los Moros quedó con una cuadra y media de red cloacal lista para ser conectada a la siguiente cuadra y media de las próximas elecciones.-
La siguiente ocupación de Mariano fue de lavaplatos y eventual cocinero de la parrillada y salón bailable “El Hornero”, ya que a él no le molestaban las cucarachas ni los ratones que por allí abundaban.- Desde entonces empezó a perder el apetito y hasta lindo quedó con unos quilitos menos.- Durante esa temporada conoció a Venancio, quien fuera un gran compañero de pesca.-
En realidad iban a un gran barrancón, agreste como pocos, lleno de palmeras altísimas.- Allá abajo, en su valle, casi inadvertida, pasaba una corriente de agua fresca rodeada de juncos y helechos, que los lugareños llamaban Molles; era demasiado espectacular el lugar para que sólo dos almas lo disfrutaran.- Entonces armaban carpa y fogata y desparramaban ollas y todo cuanto llevaban para pescar.- Así se aprontaban a pasar lunes y martes como si fuera fin de semana, ya que eran los días en que El Hornero cerraba.-
Generalmente sacaban una truchas barrosas, que ya los tenían medio cansados, pero esta vuelta vieron bagre y justo pescaron uno enorme.- Para cuando hubieron terminado de comer, se tiraron a descansar en medio de tanto verdor que dio pena hablar y de a poco se durmieron con una airecito tibio y el cantar de los pájaros.-
Así pasaban los días, cocinando, lavando pisos, yendo a pescar, contando cuentos, riendo, en fin, haciéndose amigos del alma.-
Un día Venancio empezó a faltar al Hornero y el trabajo se duplicaba, especialmente los viernes y sábados de noche, cuando se juntaban los jóvenes para el baile, hasta que apareció diciendo que debería irse a la Capital para hacerse un tratamiento médico sin importancia y que por favor no le preguntaran más nada porque ni él sabía qué era lo que tenía.-
Mariano recibía cada vez más salario y más propinas por lo que empezó a vislumbrar la idea del ahorro.- Se compraría un par de botas marroncitas que hacía tiempo que las venía mirando y capaz que hasta una camisa presentable.- Y pasó el tiempo, mucho tiempo donde nada hacía más que trabajar y dormir.-
Un día recibió una carta de Venancio y loco de contento leyó que lo habían operado de la próstata y que había quedado como un gurí chico; que vivía en una pensión cerca del hospital y la terminal de ómnibus, pero que lo mejor de todo era que de tanto que lo habían cuidado en la pensión, la dueña y él se habían enamorado y ahora compartían dormitorio y administración.-
Dobló con cuidado y guardó la carta en un bolsillo y se fue a pescar por primera vez solo, en honor a la recuperación de su amigo.- Pero el barrancón sin Venancio no era lo mismo, las cartas de truco se transformaban en solitarios, y se volvió sin bagres, sin truchas, pero habiendo releído hasta el cansancio el romance de pensión.-
- Ojalá a mí también la vida me dé una sorpresa linda- pensaba de regreso al pueblo.-
Ya era de nochecita cuando pasó cerca de la curtiembre abandonada y seca como lonja, cruzó la cuadra frente a la vidriera del almacén de Juan donde vendían una guitarra parecida a aquélla que usara en su banda, y siguió de largo hasta llegar al corralón cerrado, donde las aplanadoras y tractores descansaban tanto aburrimiento.-
Llegó a su casa, encendió un cigarro, tomó unos cuantos tragos groseros de caña, miró sus botas marroncitas y flamantes y dijo en voz alta:
- Mañana temprano compro un boleto y nos vamos, nos vamos bien lejos de San Fernando de los Moros.-