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Montevideo, Uruguay
Escribo desde siempre. Sin pretensiones intelectuales, ni locas vanidades de reconocimiento. Alentada por la persona que más amé en el mundo, a quien agradezco y humildemente dedico este blog... a mi madre.-

sábado, 19 de febrero de 2011

VUELO A RÍO




Abordamos el avión a las 16 hrs.
Era una tarde otoñal agradable donde el sol invita a entrecerrar los ojos y tal vez a dormitar en su tibio remanso, sin embargo el simple hecho de separarme de la tierra, siempre provocaba en mí la emoción que yo creía, sentirían los pájaros.
Por la ventanilla vi correr los arbustos. Las lejanas manos saludando, se hacían cada vez más pequeñas. Las casas, cuyas fachadas me eran familiares, regalaban otras perspectivas mostrando sus fondos, sus techos, sus íntimos patios.
Y todo disminuye ante mis ojos para advertir a otras escalas, mi ciudad amada. Su costa empolvada de arena, su enorme bahía y el cerro y luego un mar tan inmenso, que ya conocía de algún planisferio. Es seguro que los pájaros sienten ganas de llorar.
Al traspasar las algodonosas nubes rosadas, hubiera querido ser mejor persona pues era como tener el cielo bajo mis pies. Por alguna extraña razón, me sentía un poco ángel, un poco niña, un poco buena.
Un par de horas después, descendimos en Río de Janeiro y mi primer contacto con el funcionario de aduana, ya me provocaba una dicha interna similar a la alegría brasileña.
En las rúas atestadas de taxis, edificios y colores, la vida se vive a otro ritmo. Parece que nadie va en tren de paseo; todos corren, se agitan, todos bailan. Todos gesticulan, todo huele a frutas, a verdor y a playas.
Es casi imposible estar triste en Brasil. Incluso en las noches, cerca del hotel, bebiendo cerveza en un lindo café, un grupo de gente, blancos y mulatos, bailaban de a ratos un bonito axé.
Al fin la folía se hace general y todos cantamos sin saber cantar y vamos bailando la calle empedrada; al ritmo de samba se aprende a danzar.
Hoy la luna blanca se siente morena, la noche estrellada aquí brilla más y toda amargura se torna ambrosía, en tierra bendita por Iemanjá.
Otra vez me siento un ave; vuelo sobre o Redentor, por Bahía de Guanabara, por Floripa y Niteroi y me llevo las saudades danzando en mi interior.-

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viernes, 11 de febrero de 2011

LAS HORMIGAS





- ¡Ven pronto, trae una escoba o algo!
- ¿Qué pasa? ¿Qué es lo que hay?
- ¡Mira, ven al dormitorio! Una gran cantidad de insectos ha entrado por los zócalos y lo ha inundado todo.
No bien entrar, sentí bajo mis pies el crujido de estos bichos que, por montones, habían tapizado el viejo piso de madera. Seguramente la tormenta de esos días en que estuvo la casa cerrada, hizo que estas hormigas aladas hallasen refugio en el cuarto de mi padre.-
Barriendo, llené medio balde de un enjambre ruidoso y moribundo, sellé con veneno los lugares por donde creí que podrían volver a pasar y pronto se hizo la noche.
El cansancio era evidente, había manejado varias horas de contínuo para llegar a barrer toda la vieja casona, tender camas, preparar la cena para los invitados y ahora bajo la tibia ducha, los ojos se me cerraban de sueño.
Al fin en mi cuarto me recuesto, voy quedando floja, volando en los brazos del ensueño, alternando imágenes reales y extrañas hasta sucumbir inconsciente en un estado donde siempre me parecerá que estoy ausente.
La cortina se infló como un espectro cuando comenzó la brisa de la madrugada, se aquietaron los grillos y la luna plateaba los juncos de la laguna.
- ¡Ven pronto, trae una escoba o algo!
¡Mira, me atrapan, me llevan!
¡Ven pronto a salvarme, por favor!
Y subo y bajo escaleras, saludo a los mismos invitados de la noche anterior como si los viera por primera vez. Carmen, la hermana de mi cuñada está embarazada y me detengo a preguntarle si será varón o niña.
- Es niña -contesta ella- y se llamará Juana.
Qué raro, pienso. ¿Por qué usar el mismo nombre que ya le puso a su otra hija?
-¡Ven pronto! Vuelvo a escuchar.
Y sigo bajando escaleras hasta llegar a una puerta enorme. La abro lentamente y alcanzo a ver a mi padre desaparecer por debajo del zócalo. Su voz se hace pequeña y lejana pero sigue resonando como un eco: ¡Ven pronto a salvarme!
Le tomo por las manos y tiro, tiro de él y luego me despierto.
Mentalmente, como todos los días, repaso un plan de acción: vestirme, preparar tostados con manteca y mermelada y una gran jara de café caliente.
En la cocina preparo una bandeja; a la izquierda sus remedios y a la derecha su revista preferida. Voy haciendo equilibrio y como siempre, golpeo la puerta antes de entrar. Dejo el desayuno sobre una mesita, abro las cortinas para que entre la luz y mi padre no está. Aparentemente no ha dormido en casa, la cama aún está tendida.
Al salir, me llama la atención un murmullo casi inaudible. Apoyo la oreja en la pared y logro escuchar:
- ¡Estén alertas, ahora cuando ella se vaya, traigan la mermelada!

*

domingo, 6 de febrero de 2011

PASTOR DE MADAGASCAR




Minutos después de haber radiado el pedido de socorro, empezaron a tirarse al agua. Familias enteras tomadas de las manos, se lanzaban por la borda en suicidio colectivo. El pánico a morir ahogados les turbaba la mente de tal forma, que decidían ofrecerse voluntariamente a esa muerte tan temida. No vacilaban, no había pizca de instinto de supervivencia, no había esperanza como maderos flotantes.
Mientras todo ese pandemonio se lanzaba a los tiburones, vi cómo el horizonte naranja se perdía en la noche y por un instante, me sentí tentada a dar un paso al frente y terminar con mi suerte. No era consciente que durante esos minutos interminables me hallaba rezando en voz alta, cada vez más rápido, como un autómata, sin darle el sentido debido a esa plegaria:
- El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.
El agua venía avanzando tan rápidamente como la noche. Mis zapatos ya estaban empapados. Algunos de los tripulantes que quedaban a bordo, me tendieron la mano para subir una escalerilla y volví a sentirme a salvo como una rata escapando de una enorme cloaca. Desde allí vi que el agua bullía de gritos y manotazos entre cadáveres y pensé que la Capital del Infierno debería lucir mejor.
Un joven marinero, de apenas veinte años, se aferraba a mi brazo con una fuerza dolorosa. Cuando intenté pedirle que me soltara, me ordenó de un grito: - ¡Siga rezando! Así lo hice, todo mi cuerpo rezaba aunque mis ojos y mi mente estaban a kilómetros de la fe cristiana.
Una hora más tarde parece que el mar nos ha dado un respiro; el nivel del agua permanece inmóvil y estamos varados en una miserable burbuja de aire que va a la deriva en un zigzag errante. No se oyen más gritos. Sólo algunos lamentos cansados.
Vine a conocer Madagascar y la estoy viendo en todo su esplendor, como una sombra amorfa dibujada de a ratos sobre las olas. Una semana atrás en Singapur, habían tratado de disuadirme de mi sueño aventurero argumentando que nada habría de encontrar de extraordinario. Y fue justamente ése, el motivo por el cual resolví comprar el pasaje. Yo no buscaba rarezas ni fábulas, ya las había encontrado por montones en la India, solamente quise cumplir con un sueño juvenil e inexplicable que, ahora que mi tiempo y mis recursos lo permitían, iba a ser realidad. ¿Iba a ser realidad?
Amanecía. El joven marinero dormitaba aferrado a mi brazo. El nivel del mar seguía igual que la noche anterior y mis zapatos se habían secado adquiriendo una dureza incómoda, sin embargo la sed y el hambre empezaban a sentirse y en esa parte más alta del puente de mando, nada había que sirviera a tales fines. El pedido de ayuda se había hecho a las 18 y 35 horas y yo no había querido merendar esperando la cena. Este viaje me sentaría tan bien que volvería a casa con un sinfín de cuentos y un par de quilos menos. A veces las mujeres perdemos la noción del disfrute pero no era el momento de regañarme a mí misma.
Ferdinand, el ayudante francés del Capitán, hablaba sin parar en un idioma incomprensible y a cada poco rato intentaba saltar por encima de la barandilla. Había quienes le sujetaban, le hablaban e incluso le maldecían. La locura y la muerte tenían boletos de primera clase.
Pronto volvió a ser de noche. Los crujidos del barco inundaban el aire salado y creo haber visto un lomo brillante y negrísimo de una ballena con mil moluscos adheridos, pasando a nuestro lado. Las horas vacilaban como vacilaba mi rezo en mis labios hinchados, doloridos y sedientos.
Desperté sobresaltada por el ruido del helicóptero y el salpicar frenético del agua en mi cara, eran como púas clavándose en mi rostro. Al fin nos rescataron.
Sentada en un ángulo de esa nave ruidosa, pude alcanzar a ver la enorme y majestuosa selva de mi soñada Madagascar y comprendí que era tiempo de volverme a casa y tuve la certeza de que ya nada me podría faltar.-

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viernes, 21 de enero de 2011

MI PARED BLANCA



Está frente a mí como siempre, muda inexpresiva, con esa blancura virginal que no conoce soles. Siempre allí, escudriñando mi vida, aprobando o no todos mis actos. Ella sabe cuantas veces he buscado su compañía, su defensa incondicional y su propio silencio. Otras tantas fue testigo de agasajos, nacimientos, bodas, risas y secretos, de desconsuelos y sueños.
Compartimos gestos sepias y sonrisas de color. Fue mi muro de lamentos, mi muralla y mi bastión, el sostén para mi Cristo y hogar para pecador.
Siempre buscando un motivo sin tener motivo alguno, nos vestimos con guirnaldas y convidamos al mundo en largas noches de fiestas y otras noches en invierno, mirando la luz del fuego, adiviné en su blancura, miles de sombras grotescas.
Tan parecida a un lienzo que sueña con un pintor, tan blanca como las hojas sin una carta de amor, mi pared yergue en la sala su vertical ilusión y sus huesos enyesados sueñan con una ventana, un aire tibio de enero y dejar mi habitación.

*

viernes, 14 de enero de 2011

ATÓMICO




A yunque y fragua ardiente, mil buriles golpearon y esta barra en mi pecho, grosera, amorfa y fría, se tornó corazón.
Herrero de mis noches que atenazas mi alma, con candentes susurros moldeas mi pasión. Me formas a tu antojo, me derrito en tus manos y logras que encadene mi corazón al tuyo, en un solo eslabón.
Artista de mi mundo, yo soy tu creación.
De mi áspera caliza me vuelves un cristal, tan frágil de sonrisas, tan bello de mirar cuando tu luz traspasa mi prisma original y todo cuanto miro adquiere otros colores en mi mundo vitral.
Qué loca guerra existe entre las energías, que cambian la materia, la crean, la transforman, me acerca y me separa, de alguna u otra forma, de mi propio dilema que es tenerte y desearte, que es estar y no estar.
Tú eres mi propia fuerza, mi imán, mi polo opuesto. Mi química se mide tan solo con un beso y me siento explotar. Mis átomos dan vuelta y todo convulsiona. Alcanza que me mires, pierdo de vista el piso y comienzo a girar.
Viajo por tu galaxia y me aferro a tu cielo y en un bostezo blanco me descubro de nuevo cual trozo de cristal, colgando del metal que forjó aquel herrero.


L´Acceuil -Jean Pierre Augier

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martes, 14 de diciembre de 2010

EL VIEJO BOTE





He remecido las brumas tempranas de la aurora para elegir la senda menos agreste del monte y a guadaña y con machete tronché todo cuanto pude hasta quedar exhausta, bañada en un sudor que huele a musgos y helechos.
De sur a norte he abierto un claro que, en medio de la selva, sé que es poco; he perdonado ceibos y guayabos, cedrones de la India y hasta un olmo y al fondo, sin quererlo, oí el sonido del agua cristalina de un arroyo.
Yo le pedí al muchacho que trajera el bote que, sediento por los años, se refugió en graneros; fue nido, armario, cuna, sin vientos ni lagunas, con remos ya grasientos de cruzar pasajeros y al contacto del agua, sé muy bien que su alma, entre viejos crujidos, escondió sus sollozos como buen marinero.
Lo pintaré de blanco, de blanco y rojo fuego, servirá de carguero, de amigo, de edecán, de balsa acogedora entre los tibios soles, de caja de sepulcro si me llega el final.
Qué más puedo pedirle que morir en sus brazos, rodeada de este monte que quiero más y más, con perfume de almendros y canelón silvestre, cubierta de celeste por el Jacarandá.


*
Dale Chihuly "Gardens and Glass"



lunes, 13 de diciembre de 2010

SIEMPRE POR ÚLTIMO





Año tras año sucedía lo mismo.
Se reunían todos en el comedor, alrededor de la mesa gigante.
Se servía una inmensa variedad de bocadillos fríos o entremeses tibios de exquisitas combinaciones como croquetas de pollo y ajonjolí, ciruelas con tocino, canastitos de salmón, quesos de cabra y cerezas y vol au vent de mil sabores.
Más tarde nos enfrentábamos a la mesa de los dulces donde los postres lucían sus galas más brillantes. Chocolates, merengues, frutillas, vainillas, la colección más variada de frutas secas y fuera de estación para acompañar al brindis, a los besos no deseados y a los deseos de besos.
Entonces salíamos a la amplia terraza para empalagarnos los ojos de luces, de estruendo, de risa, de fiesta.
Y por último, siempre por último, caían en la cuenta de que tú ya no estabas.


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jueves, 9 de diciembre de 2010

ACV




Sin poder pronunciar ni una palabra, los médicos y él se inventaron un sencillo sistema de guiñadas, que muchas veces terminaba en desesperación y lágrimas.
Si el nombre de sus hijos pronunciaban, su rostro inexpresivo se anegaba; inmutable de voz y movimientos, sólo su alma gritaba.
Parecía un suplicio interminable, una tortura absurda e inigualada, un castigo del cielo, una condena donde purgar un alma atormentada.
Su esposa lo miró con tanta pena, lo sostuvo en sus brazos como a un niño y le dejó en la sien pegado un beso pausado y lacrimoso de cariño.
Al cabo de unos días el milagro. El hombre dibujó una sonrisa y en trémulo temblor se le escuchaba decir en ronca voz:
- “te amo Eloísa”.



*

domingo, 5 de diciembre de 2010

LA SOMBRA







Aquel hombre venía con el semblante preocupado. Supe que se trataba de las ovejas de cría, cuando vi arrollado en su recado, el pequeño cuero de un cordero de días.

- Anoche los perros ladraron y salí con el rifle. Había movimiento en la majada; no vi cazadores, caminantes ni alma en pena, así que disparé varias veces y una de ellas a una sombra. Hoy, lo único que he hallado son tres corderos destrozados.

- ¿Y la sombra, qué era, un cristiano?

- No, parece que era solamente una sombra, un aire retobao, una negrura sin rostro aunque yo sentía que me estaba mirando y por eso le disparé.

- Estaré alerta Don Vicente, vaya tranquilo que esta noche no habrá sombra que se me escape.

Mi vecino se fue un poco más aliviado, como si creyera verdaderamente que yo podría solucionar ese misterio.

El sol se ocultó tras el monte entre rayos rojísimos y una uña de luna se aferró a la noche cálida, serena y que poco a poco, iba quedando fresca. Cebé unos mates para entretener la espera meciéndome en la vieja reposera y de a ratos, cabeceando un sueño.

Fue cerca de medianoche cuando desperté entre los lengüetazos y llantos de mi perra. Al incorporarme, pude sentir claramente la misma sensación que el viejo Don Vicente me había relatado la tarde anterior: yo estaba siendo observada.

Salí al portón rifle en mano. Cada vello de mi piel erizada me indicaba peligro. Allí estaba la sombra. Tenebrosa y oscura entre las casuarinas siniestramente silbadoras. Alumbré con la linterna y el espanto me inmovilizó. Pude ver un reguero de sangre que llegaba justo hasta el monte de pinos.

- ¿Será otro cordero? – pensé.

Alumbré nuevamente en la espesura, deteniéndome en cada movimiento de las hojas y ya cuando creí que nada habría de encontrar, lo vi. Dos luces brillantes, dos focos siniestros, dos ojos enormes amarillos, bellísimos.

Me acerqué cuanto pude hasta observar que esa sombra se tambaleaba y caía sobre el pasto fresco. Un ejemplar hermoso jadeaba agonizante con toda la majestuosidad de una loba herida.















martes, 16 de noviembre de 2010

INTIMO





Lo que yo te muestro aquí, no es mi rostro. Mi rostro va por dentro, como el interior de las cajas de regalos. Los regalos no son moña ni papel ni cinta de mil colores, no son caja ni el estuche ni un envoltorio con flores.
Mi rostro sonriente nunca logrará mostrarte la alegría inmensa que provoca verte y si quieta estoy, pensativa o muda, tal vez ande lejos en divagaciones, mitigando dudas, tejiendo ilusiones.

Lo que yo te muestro aquí, no es mi cuerpo. Mi cuerpo sigue teniendo veinte años, sigue saltando a la rayuela en busca del mismo cielo, sigue acunando hijos que aún no han nacido y sigue estando en celo mi vientre florecido.
Mi cuerpo se dibuja con las líneas del tiempo y me anota los tantos en mi rostro moreno; hay arrugas de llanto y hay otras de contento pero tus ojos ciegos, apenas logran verlo.

Lo que yo te muestro aquí, no es mi presencia, mi músculo, mi casa. Es mi simple compañía que te abarca, te sostiene, que te abraza. Yo no soy la otra persona que te mira cara a cara, soy tu sombra, tu conciencia, el ruido de tus palabras.
Yo no puedo separarme de tu propio pensamiento. Tú me inventas, me destruyes, tú me acercas, me separas. Yo soy sólo lo que tengo y tú quieres lo que falta.-

*

miércoles, 10 de noviembre de 2010

SI SUPIERA




Si supiera que ayer yo fui gaviota, entre los basurales de su ausencia y entre los suburbios de su abrazo, graznaba mi dolor; qué soledad de pájaro sin nido, qué burla de un adiós sin despedida y con las alas rotas ya no quise volver a hablar de amor.
Y quedo cuerpo a tierra en mi trinchera, tendida lejos del horizonte, callada y silenciosa, en un compás de espera, un tanto caprichosa, inventando quimeras, porque la herida cura y cicatriza, nos vuelve la sonrisa y vuelo nuevamente más cerquita del sol.

Si supiera que hoy nací paloma, picoteando el cristal de su retrato con la inocencia sepia de hace años y un cuello de almidón y voy haciendo surcos en las nubes, buscando las banderas blanco tiza, amnistiando palabras que me hirieron sin ninguna razón.
Le regalo las plumas de mi pecho, la suavidad del aire mientras vuelo, la claridad del cielo y un mullido edredón. Le regalo mis plazas, mis fontanas, el agua cristalina en las mañanas, la Venus mutilada en ambos brazos y un frío corazón.

Si supiera que pronto, seré un halcón en vuelo, un ave de rapiña, un buitre carnicero, el búho de la noche, el águila real. Mis manos convertidas en garras afiladas, la vista a un punto fijo y un vuelo sideral. Dormiré en el follaje, al lado de la luna; mis ojos, dos braseros nunca recordarán que antes de conocerle, yo supe ser jilguero cantando en su ventana, aprendiendo a volar.-



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jueves, 4 de noviembre de 2010

PENA DE POETA




Taciturno como ausente, con un gesto pensativo, los ojos brillantes siempre, casi al borde del delirio; el poeta se estremece con el más frágil motivo y lo toman de rehén los sentimientos esquivos.

¿Por qué sufren los poetas? ¿Será que se saben vivos? ¿Será que sienten distinto y de penas son cautivos?

Sensible como ninguno, exagerado en amores, se destroza en solitario al recordar sinsabores y se aparta de los goces entre sensuales palabras, se disculpa de los besos que le han robado hasta el alma.

¿Por qué lloran los poetas lágrimas de puño y letra? ¿Acaso amar los abisma en aguas poco profundas o será que un simple adiós, de tristeza los inunda?
¿Será que son inconstantes, indiferentes, fugaces o será por el contrario, tan fieles plantando bases que no quieren un amor para que a otro reemplace?

¿Por qué penan los poetas si escriben de la alegría?
Tal vez quieran atraparla, abrumarse con la dicha y cargarse un contrapeso que equilibre su poesía, para que nadie lo note y que pase inadvertida, que la pena de poeta, pena es de toda la vida.-

jueves, 28 de octubre de 2010

SIRENA

En la estrechez del mundo de mis ojos, de par en par abiertos y sin freno, 
vislumbro que el gigante de los cielos regala su calor sobre mi cuerpo. 
Yo bailo al son de un loco pensamiento y hago girar mi cuerpo y mis cabellos 
y a veces pego un salto y me deslizo en el contorno azul de algún recuerdo. 
Yo canto una canción, la tarareo, más que cantarla yo, sólo la pienso, 
es una invitación sin argumento, un leve gorgotear, es un lamento.-

Pero cuando la noche me seduce con ramos de coral y madreperla,
emerjo entre las nubes de tinieblas para asirme a la roca plañidera.
Allí quedé dormida entre sollozos rogándole a Neptuno que me diera,
la libertad de andar sobre la tierra y caminar con él por vez primera.
Pero el amanecer llegó a su antojo incendiando el delirio de mis sueños
y se metió en mis ojos como llamas irisando la mitad de mi cuerpo.-

Y vuelvo a sumergirme en lo profundo del abismo rosado de la aurora, 
vuelvo a bailar, a girar y en un segundo, yo vuelvo a sentirme seductora, 
con la extraña ilusión que allá, en la arena, él logre adivinar mis pensamientos. 
Entre las algas rotas o en el viento, guiada por el vuelo de gaviotas, 
le enviaré mi canto hecho poema y en murmullos de brisa todo el tiempo 
susurraré en su oído dulcemente mi más cálido canto de sirena.-

viernes, 15 de octubre de 2010

LO SALVAJE




Tiene lo salvaje, algo de selva y silencio.-
Algo de un miedo curioso por aprenderse lo nuevo.- Tiene fuerza, garras, pelo, alma de indio y de bueno, manantiales, hojas secas, tiene duendes, tiene infierno.-
Lo salvaje me aproxima al más frágil sentimiento, primitivo, iracundo, reservado y con misterios.-
Tiene plumas de colores, espinas de abrojos secos, tiene el gruñir de los pumas y el aullido de los perros.-
Lo salvaje está en mis brazos, enredado entre mi cuerpo, en mi casta, en mi linaje, en el color de mi pelo, que al igual que el de mis ojos son salvajemente negros.-

martes, 5 de octubre de 2010

EL ARCO




Elegí la roca más lisa y brillante para sentarme frente al mar.-
Desde allí mi pie rozaba la arena templada formando un semicírculo perfecto.- Una y otra vez mis dedos recorrían esa forma hasta que al final, una pequeña y miserable ola la borraba.-
Qué fácil desde mi altura insistir en ese arco sin flechas, sin cuerdas, sin iris, sin triunfos.-

miércoles, 29 de septiembre de 2010

NI JUSTOS NI PECADORES - EL NUEVO ORDEN



Más allá de las nubes, por encima de la órbita terrestre, allí donde las palomas ni sueñan con llegar, quedó suspendido el ente.-
Casi como en un lugar omnipresente donde los jueces creen que dejan sus pelucas entalcadas, donde las mariposas se desgarran por jugar con los ángeles, desde allí miraba el ente.-
Cada aurora boreal lo cubría, cada estrella de mar lo señalaba en cinco direcciones diferentes y cada nota de Beethoven le rozaba el cuello.-
Vio los diluvios, las sequías, las hambrunas, los chorros de petróleo ennegreciéndolo todo, las cenizas volcánicas, la lava incandescente corriendo como ríos luminosos; vio la muerte.-
También vio las estrellas desde arriba, los paraguas abiertos, las cabezas llenas de sueños, las ideas, las torres y las cúpulas estirándose, buscándolo; vio la esperanza.-
Un día el ente apoyó su pie en la Tierra y cayeron las torres, se anegaron continentes, se incendiaron los sueños.- No escuchó súplicas ni llantos, oraciones o promesas, no midió con la misma vara, no construyó ningún arca, no leyó diez mandamientos ni fueron doce en la mesa.-
Sólo quedaron sillas vacías, hojas en blanco, saldos deudores, camas tendidas, novenas sinfonías, novenas inconclusas, credos sin terminar, los justos en número exacto y los pecadores redimidos y ajenos de todo mal.-
Cuando se calmaron las aguas y Babilonia comenzó nuevamente a florecer, sólo quedaron las palomas volando muy alto y para siempre.-

martes, 28 de septiembre de 2010

LA BÚSQUEDA




Te busqué en cada girasol y en cada madreperla, en las gotas de rocío y en la arena, entre el sonido de la hamaca quieta de aquel sauzal enorme y en la multitud inquieta de las avenidas.-
Pasé noches y días repitiendo tu nombre como una melodía, mirando a los costados por ver si aparecías.-
Giré por las rotondas, doblé por mil esquinas, miré por las hendijas y en los escaparates y a veces confundida, escuchaba tu risa.-
Me torcí los zapatos entre los adoquines brillantes del invierno,
pero al llegar al río, olvidé tu recuerdo.-
Ya no supe qué hacer, por dónde trajinar con este mismo cuerpo,
qué destino ofrecerle a mis pasos, de quién inventarme un abrazo,
un cariño, para seguir nuevamente buscando.-
Y aflojé los puños, abrí el primer botón, respiré bien profundo, me eché un trago de ron y fue cuando te vi.-
Obeso de palabras e hinchada egolatría, tironeando el sudario y coronándote espinas, con las manos bien sucias de tanto ir y venir, buscando en girasoles y en cada madreperla algo que tú creyeras se pareciera a ti.-

sábado, 11 de septiembre de 2010

MAÑANA YA HABRÁ TIEMPO




Hasta aquí.-
Ya es suficiente.-
Ya se han cumplido mis sueños más locos.-
Ya he sentido lo que es un corazón rabioso, un alma dolorida, la alegría más inmensa y los pies más ligeros.-
He saciado mi esperanza con creces.- Te he visto sonreír acunado entre mis brazos.-
Supe al fin lo que es amar sin pedir nada, reír hasta quedar bañada en lágrimas, gritar más fuerte que los vientos y tiritar bajo el eterno glaciar de la montaña.-
Supe escarbar la tierra hasta quebrar mis uñas para plantar los árboles más bellos y florecieron mil veces.-
Y giré y di marcha atrás y volví a verlo todo de nuevo.-
¿Qué más puedo desear?
¿Estar contigo?
Es cierto, mañana ya habrá tiempo.-

miércoles, 8 de septiembre de 2010

BIS



- ¡Bravo, bravo!
- ¡Otra, otra!
Y aplausos y silbidos por todo el gran teatro, mientras las bailarinas volvían a salir y otra vez saludaban con gran delicadeza y el público insistía en no dejarlas ir.-
- ¡Bravo, bravo!
Entonces, de repente el telón se levantó, las luces se apagaron,
la música empezó y aquella bailarina, sola en el escenario, con
luces de colores giró, giró y giró.-
Volvieron los aplausos y ella siguió girando y su vestido blanco
voló, voló y voló.-
- ¡Bravo!

CONSULTA MEDICA



- ¿Otra vez por aquí Margarita?
- Sí doctor, es que no me he sentido bien últimamente.- Será la edad madura, tal vez sea locura que, aun estando sola, se me da por reír.-Siento palpitaciones incluso en los oídos y un vértigo furioso se apodera de mí.-
- Usted debe calmarse mi querida señora.- Sabemos que no existe ninguna anomalía, que no hay patología y nada a prescribir.- Yo la noto contenta, más bonita que antes con un muy buen semblante y ganas de vivir.-
- Pero doctor le explico que cuando llego a casa, me siento en la terraza y empiezo a percibir que hay una brisa tibia que trae la primavera, que huele a sal y arena y me da por sonreír.- Entonces me levanto, me sirvo un vino blanco y comienzo a bailar por todos los rincones, tarareando canciones.- Yo le canto a las flores y empieza un frenesí y siento emociones que yo nunca sentí.-
Me da mucha vergüenza que mi vecino nuevo, me mire
mientras bailo y se ría de mí.- Comentan en el barrio que es un
hombre elegante, siempre de buen talante y que se ha mudado
aquí, porque la brisa tibia que huele a sal y arena es una
quitapenas que él quería sentir.-
- Diga doctor cómo hago o quíteme el hechizo de mi actuar enfermizo, por eso estoy aquí.- Recéteme un remedio que me quite emociones, que acalle mis canciones y ganas de reír.-
- Querida Margarita, usted no tiene nada, no tema que la gente la pueda ver feliz y siga tarareando canciones todo el día y nunca, nunca deje, jamás de sonreír.-
Querida Margarita, usted no tiene nada, sólo está enamorada, que sea muy feliz.-